La docente Instituto Dante Alighieri y escritora de Carlos Paz, Carina Manassero, fue seleccionada en dos concursos literarios de Letras con Arte.
En el concurso QUERIDOS ANIMALES, con el texto: PACHORRIENTO Y APACHUCHADO. y en el concurso ESPERO:, con el relato GAVIOTA, a publicarse en España.
Aqui los textos premiados:
Pachorriento y apachuchado
Aún recuerdo cuando lo conocí. Estaba en un rincón de la terminal. No me quitaba los ojos de encima mientras yo esperaba el colectivo para ir a casa. Me perforaba con sus ojos, estaban atentos a mis movimientos.
De repente, no pude evitar sonreírle. Y fue ese el día en que supe, que nada ni nadie nos separarían.
Pasaron doce largos años y él está pachorriento y apachuchado -diría mi sobrina Ludmila, experta en inventar palabras-. Yo, en cambio, lo encuentro gordo, mofletudo y sordo (cuando le conviene).
Odia a mi gato Buendía. Le digo que Buendía es una ternura. Pero él, no deja que se me acerque. Ahora, está sentado a mi lado, callado, como siempre, pensativo.
Blanca es más joven. Pasea junto a mi vecina. Él, la ve pasar y se enciende. Se levanta y sin siquiera mirarme se lanza tras ella. Me quedo petrificada. Lo consideraba viejo para esas andanzas.
Me demuestra lo contrario. Tuve que aceptar la realidad, porque él le mueve la cola, feliz, y tengo que reconocer que mi perro acaba de recuperar la felicidad.
Gaviota
Cierro la puerta y me cuelgo el bolso en el hombro. No vuelvo la vista atrás. El aire me da en el rostro y huelo a tiempos nuevos. Espero,mientras evoco mis 22 años cuando creía llevarme el mundo por delante... mientras el mundo me atropella y a mis cuarenta y tantos el aire me trae recuerdos de una necedad perdida en el tiempo.
Mientras tanto, espero… parada en tus bordes, quizá para borrarlos, sentada en las orillas para sentir el viento en mi rostro, respirando en las fronteras para vivir la adrenalina, esperando recorrer, nuevamente los contornos, tus contornos para experimentar texturas.
Espero…. en el límite exacto entre tu deseo y el mío, mirando las márgenes de las aguas calmas cuando se agitan; parada al filo del abismo con un paracaídas para advertir que mi vida depende de un hilo.
Espero, ansiosa, en la esquina de tu precipicio, encallando en la tormenta de tus discursos para ser oído, mansa gaviota y quizá, después de tanto esperar, volar.
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